Desde las primeras horas de este viernes, miles de docentes de Neuquén se reunieron en el Monumento a San Martín para conmemorar el asesinato de Carlos Fuentealba, quien fuera alcanzado por un disparo de gas lacrimógeno en la cabeza durante una manifestación pacífica. Este crimen, ocurrido en 2007, marcó un antes y un después en la historia del país y, especialmente, en el ámbito educativo.
Como cada año, el gremio ATEN (Asociación Trabajadores de la Educación de Neuquén) organizó la movilización, la cual contó con un paro casi total en las escuelas de la provincia. Las puertas de muchas instituciones permanecieron cerradas como muestra de unidad y de lucha por justicia. La marcha comenzó al mediodía, y el recorrido, que incluyó las principales avenidas de la ciudad, fue acompañado por miles de docentes, estudiantes y familiares.
El reclamo central sigue siendo el mismo: que nunca más un docente sea víctima de la violencia estatal por ejercer su derecho a la protesta. Las imágenes de aquel fatídico día, cuando la policía reprimió con brutalidad a los maestros, siguen frescas en la memoria de quienes vivieron el hecho o lo conocieron a través de los medios. La figura de Fuentealba trasciende el dolor personal de su familia para convertirse en un símbolo de la lucha por una educación digna y por mejores condiciones laborales.
Un recuerdo que no se olvida
El asesinato de Fuentealba ocurrió durante una jornada de protestas que los docentes de ATEN llevaban a cabo por mejoras salariales y laborales. La represión que siguió dejó imágenes desgarradoras de policías disparando a quemarropa contra los manifestantes, y un gran número de heridos entre los docentes. Los testimonios de aquellos que estuvieron presentes y las imágenes capturadas en el momento contribuyeron a visibilizar la violencia institucional que, en muchos casos, ha quedado impune.
El caso de Fuentealba cobró relevancia nacional y se convirtió en un símbolo de la resistencia de los trabajadores a la represión. A lo largo de los años, la lucha de su compañera, Sandra Rodríguez, y sus hijas, junto al apoyo de ATEN y la sociedad, ha mantenido viva la memoria del maestro asesinado. Este viernes, al igual que en años anteriores, las calles de Neuquén se llenaron de pañuelos, consignas y gritos de justicia, recordando que la lucha por una educación pública y libre de violencia sigue vigente.
Hoy, 18 años después, la marcha no es solo un recordatorio del crimen cometido, sino también una denuncia contra la impunidad y un llamado a que las autoridades respondan ante el reclamo de justicia que, a pesar del tiempo transcurrido, aún sigue siendo ignorado por muchos.
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