
El reciente proceso electoral en el Partido Justicialista de Neuquén dejó al sector del gobernador Rolando Figueroa, conocido como Peronismo Territorial (Lista 17), con una victoria ajustada por más de 180 votos sobre la lista de Oscar Parrilli (Lista 10). Sin embargo, este triunfo es más simbólico que contundente, ya que ninguna de las facciones logró una mayoría clara, lo que obligará a constantes negociaciones internas de cara al futuro. Este panorama refleja un peronismo debilitado y fragmentado, incapaz de articular una estrategia unificada para las elecciones de 2027.
Las elecciones mostraron una participación baja entre los afiliados, lo que pone de manifiesto un desencanto generalizado en la base peronista. A pesar de que el rolismo se alzó con una victoria en el Consejo Provincial, el resultado general revela un partido en crisis, donde ni el sector de Figueroa ni el parrilismo pueden reclamar una autoridad sólida. La falta de una discusión política significativa durante la campaña y la ausencia de un modelo claro para el futuro de la provincia dejó a muchos afiliados desilusionados.
A pesar de la victoria de la lista 17, el escenario es complicado. Con intendentes como José Asaad y Gonzalo Núñez cumpliendo con su pacto con Figueroa, el partido se enfrenta a un dilema: gran parte de su base está alineada con el gobernador, mientras que el sector opositor sigue presente y activo. La fragmentación interna y la falta de un discurso claro no solo debilitan al PJ neuquino, sino que también amenazan su capacidad para competir efectivamente en futuras elecciones, lo que podría dejarlo a merced de las decisiones coyunturales del gobierno provincial.


















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