Axel Kicillof, gobernador de Buenos Aires, está acelerando su proyecto político con la ambición de construir una nueva identidad en el centro del país, donde el kirchnerismo enfrenta una fuerte resistencia. En los últimos meses, ha comenzado a establecer pequeñas centrales del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) en provincias como Córdoba, Mendoza, Entre Ríos y Santa Fe. Este movimiento busca darle más volumen a su armada política, con el objetivo de posicionarse como un actor principal en la arena nacional. Sin embargo, aún no se ha definido una fecha para que Kicillof realice su primer desembarco en estas provincias.

Dentro de su estrategia, Kicillof ha identificado que muchos dirigentes del interior se encuentran en una postura cómoda, a la espera de que él tome la iniciativa. En su entorno, consideran que estos líderes deben moverse proactivamente para reactivar el debate nacional del peronismo. Además, creen que el freno que se imponen muchos, en función de la interna bonaerense, es una "excusa berreta" que impide avanzar en la construcción de un proyecto político que compita con Javier Milei en las próximas elecciones.

Uno de los grandes desafíos que enfrenta Kicillof es consolidar su influencia en las provincias del centro del país, que representan el 24% del padrón electoral y, en combinación con Buenos Aires, aglutinan más de la mitad de los votantes. El gobernador es consciente de que el electorado en estas provincias tiene una fuerte resistencia al kirchnerismo, especialmente hacia figuras como Cristina Fernández de Kirchner y La Cámpora. Para superar estas barreras, Kicillof y su equipo buscan establecer un diálogo renovado con los ciudadanos de estas regiones, abordando sus inquietudes y necesidades específicas.

Sin embargo, Kicillof también se enfrenta a tensiones internas con La Cámpora, especialmente en la distribución de posiciones clave dentro del Partido Justicialista (PJ) bonaerense. Las negociaciones sobre la vicepresidencia primera del Senado y otros cargos administrativos son puntos de fricción que podrían complicar su proyecto. A medida que se acercan las elecciones, la relación entre Kicillof y el cristinismo se mantiene tensa, lo que plantea interrogantes sobre la posibilidad de un proyecto unitario o un eventual divorcio político que podría impactar en la cohesión del peronismo.

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