
Patricia Bullrich se encuentra en el centro de una creciente tensión política, especialmente en su relación con Karina Milei, mientras lidia con el desgaste de las operaciones provenientes de Olivos. La senadora, que inicialmente no aspiraba a ser candidata a Jefa de Gobierno, ha visto cómo su entorno se desmorona ante una campaña de desgaste que califica de intolerable. Bullrich busca refugio en el contacto directo con la gente y confía en que, eventualmente, el Gobierno necesitará su imagen positiva para fortalecer candidaturas o figuras debilitadas, como la de Manuel Adorni, el Jefe de Gabinete.
Bullrich enfrenta dos frentes: una batalla fría con la cúpula del Gobierno y las tensiones internas con su sucesora en el Ministerio de Seguridad, Alejandra Monteoliva. Aunque el entorno de Bullrich sostiene que la relación es estable, los rumores indican lo contrario. Monteoliva ha mantenido a muchos de los equipos de Bullrich, pero se ha evitado un cambio que podría haber sido interpretado como una declaración de guerra. La situación se complica aún más con el freno al desembarco de Diego Valenzuela, cuyo ingreso al ministerio fue una condición impuesta por Bullrich para renunciar a su cargo.
El conflicto se agrava por la percepción de que Monteoliva está actuando de manera autónoma y en dirección a Karina Milei, lo que podría debilitar aún más la influencia de Bullrich en el Gabinete. Monteoliva fue la primera en reunirse con Adorni a pedido del Presidente, y ambos han delineado las prioridades de la gestión futura en temas de seguridad. La situación refleja una lucha por el poder y la influencia dentro del Gobierno, con Bullrich cada vez más consciente de que su margen de maniobra se reduce, mientras su sucesora parece estar tomando decisiones clave en un entorno que ella había considerado como parte de su legado.





















Comentarios