Messi

El 2026 asoma como un año especial en la vida de Lionel Messi. Con nuevos desafíos deportivos en el Inter Miami y dos objetivos de alto voltaje con la Selección Argentina —la Finalissima ante España y el Mundial que se jugará en Estados Unidos, México y Canadá—, el capitán albiceleste arrancó la temporada con una charla en Luzu TV que dejó definiciones futboleras, pero también muchas confesiones personales.

Lejos del personaje solemne, Messi se mostró relajado y familiar. Contó que en su casa la pelota nunca falta, aunque el tiempo es poco. “Vivimos con la pelota, todo el día. Ellos salen del cole y ya venimos para el club”, explicó sobre la rutina de sus hijos, entre entrenamientos y meriendas. ¿Fútbol en casa? “Mucho no nos dejan”, dijo entre risas, en referencia a los límites que pone Antonela. Cuando se puede, aparece el clásico “loquito” en familia.

Messi confesó que es obsesivo con sus cosas: necesita saber dónde está cada objeto y no le gusta que se los muevan. Una manía que, según contó, heredaron Thiago y Ciro. “Desde chiquito soy así”, reconoció.

En el plano emocional, sorprendió con una definición honesta sobre sí mismo. Admitió que no es demasiado demostrativo y que Antonela es “mucho más romántica” que él. “Me gusta hacer sentir bien y ser feliz a la gente que quiero, pero no soy muy demostrativo”, explicó. También habló sin filtros de sus rarezas: "Soy más raro que la mierda", dijo. Además, contó que disfruta de la soledad y necesita momentos de silencio para equilibrar el caos de una casa con tres chicos. “El quilombo por ahí me satura”, confesó.

Messi también recordó su paso por la terapia, una etapa que vivió en Barcelona. “Soy mucho de comerme las cosas yo, de guardarme todo”, dijo. En lo deportivo, fue tajante: su mayor crítico siempre fue él mismo. “Yo sé cuándo hice las cosas bien y cuándo las hice mal”, aseguró.

En ese recorrido apareció una figura clave: su papá. Messi contó que durante toda su carrera necesitó su opinión y su aprobación. “Terminaba un partido y le preguntaba cualquier cosa”, recordó. Incluso repasó una historia poco conocida: la prueba que hizo en River cuando era chico. El club quiso retenerlo y hacerse cargo del tratamiento médico, pero el pase con Newell’s nunca se destrabó. Así, ese camino quedó trunco.

La vida en Miami, según explicó, le permitió recuperar algo de anonimato. En una zona “más americana”, el fútbol no ocupa el centro de la escena y eso se traduce en tranquilidad. La rutina gira en torno a sus hijos, el colegio y los entrenamientos, muy lejos del ruido permanente que supo vivir en Barcelona.

El astro contó que Rosario sigue siendo su refugio emocional. Dijo que le encanta volver para las fiestas, aunque casi no sale de su casa. Visita a su mamá, a sus hermanos y se rodea de amigos. “Para mí es lo más lindo que hay”, dijo, especialmente en diciembre, cuando la ciudad tiene “otra energía”.

En cuanto al consumo cultural, confesó que hoy las series ocupan buena parte de su tiempo libre. Mira de todo, en horarios fragmentados, más a través de resúmenes y clips que en vivo, condicionado por la rutina y la diferencia horaria. La inteligencia artificial, en cambio, todavía le resulta ajena: “No le agarré la vuelta”, bromeó, mientras destacó que Antonela sí la usa todo el tiempo.

Messi también habló de su rol como empresario. Reconoció que durante años solo pensó en fútbol, pero que hoy empieza a mirar más allá, siempre rodeado de un círculo de confianza que lo acompaña desde chico. En cuanto al liderazgo, fue fiel a su estilo: predicar con el ejemplo. “Siempre hablé con hechos”, afirmó, y destacó la adaptación a una nueva generación de futbolistas tras 2018, con figuras como Rodrigo De Paul ayudando a romper barreras dentro del grupo.

Durante la entrevista, hubo espacio para anécdotas más distendidas: admitió que no le gusta bailar y que, si lo hace, necesita “estar un poquito escabiado”. Su bebida preferida, cuando puede, es el vino, a veces mezclado con gaseosa “para que pegue rápido”.

Sobre su carrera, fue categórico: siente que ya ganó todo lo que soñaba. “Dios me regaló mucho más de lo que yo pensaba”, dijo, recordando los títulos con la Selección y, especialmente, el Mundial de Qatar. “Todo lo que venga ahora es de arriba”, resumió, agradecido.

De cara al futuro, descartó la idea de ser técnico. Se ve más como manager o, incluso, como propietario. “Me gustaría tener mi propio club, arrancar de abajo y darle oportunidades a chicos”, explicó. Así se motstró, como un Messi que, incluso lejos de la cancha, sigue pensando en construir.

Fiesta y alegría en la colonia de vacaciones para adultos mayores en Neuquén.

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