
Lautaro Herrera, nacido en General Roca, abrió Chimichurri, la única parrilla argentina de Wellington, Nueva Zelanda. A más de 10.000 kilómetros de la Patagonia, el restaurante se convirtió en un punto de encuentro para cientos de compatriotas que viven en el país oceánico y buscan conectar con sus raíces mientras disfrutan de la gastronomía argentina.
Con 39 años, Herrera llegó a Nueva Zelanda hace ocho años tras recorrer Europa y Dinamarca junto a su compañera. Lo que comenzó como un viaje temporal se transformó en una mudanza definitiva, acelerada por la pandemia. Hoy, en las mesas de su restaurante conviven sorrentinos caseros, milanesas, alfajores, choripanes y medialunas recién horneadas. Los neozelandeses descubrieron que las empanadas también pueden desayunarse y aprendieron a pronunciar "chimichurri" con sorprendente naturalidad.
El verdadero fenómeno en la parrilla de Wellington ocurre cuando juega la Selección argentina. Mientras Nueva Zelanda respira rugby, el restaurante se transforma en una pequeña Bombonera. "Yo soy fanático de Boca", dice Herrera, conocido entre amigos como "el Laucha". Las camisetas celestes y blancas reemplazan al negro de los All Blacks, los abrazos llegan con cada gol y los vecinos se asoman intrigados por una pasión que resulta imposible no contagiar.
"Vienen a vivir la experiencia argentina", cuenta Lautaro. Muchos neozelandeses se acercan simplemente para descubrir cómo se siente un partido rodeado de argentinos. Lo que encuentran es una explosión de emociones: canciones, nervios, abrazos y festejos que convierten al fútbol en algo mucho más grande que un deporte. Los horarios improbables del Mundial, con tanta amplitud horaria, tampoco detienen la pasión: si el partido es de madrugada, la jornada comienza antes de las tres de la mañana con medialunas recién sacadas del horno.




















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