
El norte neuquino propone una alternativa al turismo de montaña tradicional: el Mahuidismo, una forma de vivir el invierno desde la comunión con la tierra y la cultura local. La propuesta cobró visibilidad el último fin de semana cuando una ola polar congeló una cascada cerca de un pueblo de la región, y Doña Carmelina Manqui, de 88 años, posó junto a su nieto Jesús Dihuen, de 12 años, sin equipo técnico ni guía de montaña, solo con el entusiasmo de conocer un rincón que apenas conocen los lugareños.
La pregunta que define este turismo es simple: ¿qué pasa si en vez de subir a la cumbre, bajamos al puesto y caminamos con la abuela? Esa interrogante la formuló hace décadas el doctor Gregorio Álvarez, la retomó el historiador Isidro Belver, y hoy la responde Doña Carmelina a través de su vida en El Huecú, donde el agua nace de la unión de tres arroyos en un lugar llamado "Xawnko".
Doña Carmelina nació y se crió en esa zona, donde conviven dos comunidades originarias: Mañke y Maripil. Su hijo Fernando Maripil, Lonco de la comunidad, relató con orgullo que ella fue empleada doméstica, partera de la comunidad cuando no había hospital, y conocedora de medicina ancestral. "Criaba animales para darnos de comer", recordó sobre su infancia en una familia que vivía a 10 kilómetros de la escuela.
Doña Carmelina es madre de siete hijos —seis varones y una mujer—, abuela de 14 nietos y bisabuela de siete bisnietos. Su esposo, Manuel Maripil, falleció durante la pandemia. Ella transmitió a sus descendientes el respeto a los mayores, el trabajo de la tierra, la veranada, la siembra y el acopio para el invierno, valores que hoy sostienen el Mahuidismo como una propuesta de turismo que camina con el alma.




















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