La reciente renuncia de Néstor Marcelo Lamboglia a la presidencia del Ente Nacional Regulador del Gas y la Electricidad (ENRGE) ha desnudado las tensiones internas que afectan al nuevo organismo, creado por el Gobierno de Javier Milei. Apenas unas semanas después de asumir el cargo, Lamboglia dejó su puesto, sorprendiendo al sector energético, que esperaba una consolidación más firme de la fusión entre el Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE) y el Ente Nacional Regulador del Gas (Enargas). La salida se produce en un momento crítico, ya que el ENRGE aún se encuentra en fase de organización y no ha completado su reestructuración interna.

Las disputas internas se habían intensificado desde el inicio de la gestión, particularmente entre Lamboglia y Marcelo Nachón, miembro del directorio. Uno de los primeros desacuerdos surgió en torno a la política de personal, donde Lamboglia propuso no renovar contratos hasta que el nuevo ente estuviera completamente operativo. Sin embargo, pocos días después, se renovaron decenas de contratos en el ex Enargas, lo que generó un clima de desconfianza y conflicto.

Adicionalmente, las discusiones sobre la reorganización institucional y la permanencia de asesores externos también contribuyeron a la crisis. Mientras algunos defendían la continuidad de estos equipos, Lamboglia abogaba por que las funciones fueran asumidas por el personal permanente del organismo. Esto reflejaba una lucha más amplia sobre el diseño final del ente regulador resultante de la fusión.

Otro punto de fricción fue la elección de la sede principal del ENRGE, que se estableció en el histórico edificio del ENRE en Puerto Madero. Algunos miembros del directorio cuestionaron las condiciones del lugar y expresaron objeciones sobre el traslado de actividades hacia esa ubicación. La situación se volvió aún más tensa durante una reunión crucial para aprobar los cuadros tarifarios de junio, donde la ausencia de un director exacerbó las diferencias internas y precipitó la crisis.

Finalmente, la integración de ambos organismos reveló desigualdades en las remuneraciones de los trabajadores. Las disparidades salariales entre el personal del ex Enargas y del ex ENRE se convirtieron en un tema candente, con Lamboglia buscando una recomposición que equilibrara las escalas. Sin embargo, algunos miembros del directorio proponían enfoques más graduales, lo que reflejaba una lucha de poder sobre quién debería liderar el proceso de integración y cómo debería estructurarse el nuevo ente. Antes de su salida, Lamboglia expresó que era evidente que "no estábamos haciendo un buen papel", señalando la complejidad de la situación.

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