
El Gobierno enfrenta un desafío crítico para cumplir su meta fiscal más importante: exhibir un superávit primario del 1,4% del PBI ante el Fondo Monetario Internacional (FMI), que llegará de visita la próxima semana. La profundización del plan económico comienza a condicionar este objetivo, su principal bandera, en un contexto donde la recaudación tributaria se desmorona y los límites para seguir ajustando gastos se estrechan cada vez más.
El dato de actividad económica más reciente sorprendió a la baja a las principales consultoras y rompió la dinámica de recuperación que proyectaba el Ministerio de Economía. En junio, el Sector Público Nacional registró el primer déficit primario de la gestión actual, excluyendo diciembre por su estacionalidad. Según un relevamiento del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), los ingresos totales cayeron un 8,5% interanual en términos reales, mientras que los ingresos tributarios se desplomaron un 8,8% frente al mismo mes del año anterior.
El gasto primario, por su parte, trepó un 3,1% en términos reales, transformando el superávit en un déficit primario de $696.843 millones a valores constantes. La extensión de subsidios energéticos, la prórroga del plazo de Ganancias y el pago de aguinaldos marcaron este desliz. Con una recaudación que parece haber llegado a un piso peligroso, el Gobierno deberá contraer el gasto un 7% real interanual durante la segunda mitad del año para intentar recuperar la meta.
Un informe de la consultora MAP reveló que en los primeros seis meses del año los ingresos totales cayeron 5,0% real. Los ingresos vinculados a la actividad y al consumo traccionan hacia abajo, poniendo en jaque los compromisos asumidos con el organismo internacional. El ministro de Economía, Luis Caputo, deberá presentar estos números cuando el FMI realice su visita en los próximos días.




















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