El yerro de Florencia Peña al dar por muerta al aire a Jorge Messi en su programa de Luzu TV se convirtió en pocas horas en un escándalo nacional y en materia prima para la batalla cultural que impulsa Javier Milei. La conductora, que difundió una versión falsa sobre el padre del capitán de la Selección, corrigió la información en el mismo envío y ofreció disculpas públicas, pero eso no impidió que el Presidente se montara sobre el episodio para lanzar una nueva ofensiva contra el ambiente artístico y los medios, en medio de las incógnitas que aún rodean a Manuel Adorni y el caso de la criptomoneda $LIBRA.

El origen del error, según explicó Peña, estuvo en una lectura apresurada de posteos que circulaban en redes sociales por parte de su producción, sin el tiempo ni el protocolo básico de verificación que exige cualquier redacción profesional. La noticia falsa salió al aire, el video se viralizó de inmediato y la cadena de repudios fue tan veloz como implacable. Hacia primera hora de la tarde, la familia Messi emitió un comunicado en el que desmentía categóricamente la supuesta muerte de Jorge, aclaraba que se encontraba bajo seguimiento médico y “evolucionando favorablemente” y reclamaba responsabilidad, prudencia y humanidad frente a versiones que no provinieran de sus canales directos.

Lejos de ese llamado a la cautela, Milei aprovechó la polémica para publicar una extensa diatriba en X, en la que presentó el episodio como ejemplo de un ecosistema mediático degradado, capaz de “decir una aberración peor” cada día y de “infligir más daño”. Señaló a Peña por “aberrantes e inescrupulosas declaraciones sin chequear” y la acusó de operar con impunidad sólo por tener “un micrófono o una pluma en la mano”, pese a que él mismo acumula antecedentes de agraviar adversarios, difundir datos falsos y haber promocionado públicamente $LIBRA, hoy bajo investigación judicial.

En ese mismo hilo, el Presidente redobló las descalificaciones personales: definió a la actriz como “chimentera de poca monta” y “personaje nefasto”, celebró que Luzu TV la apartara de la programación y contrastó esa decisión con la supuesta falta de sanciones en medios tradicionales donde trabajan periodistas que, a su juicio, “se han cansado de ensuciar, calumniar o injuriar a todo el mundo”. De paso, relanzó su discurso contra la prensa crítica y contra los medios sostenidos por pauta estatal, diluyendo cualquier reflexión genuina sobre la responsabilidad informativa detrás de una nueva andanada de ataques desde la más alta investidura del país.

En paralelo, el foco se corrió hacia Luzu TV. Nicolás Occhiato, dueño y cara visible del canal de streaming, expresó su “indignación” por lo ocurrido, anunció una revisión interna y afirmó que el episodio “no representa” los valores de la señal, aunque evitó un mea culpa profundo sobre las fallas estructurales del formato. Más tarde, la empresa informó que Florencia Peña daba “un paso al costado” y que parte del equipo de producción de El Show del Verano quedaba desvinculado. El caso expone así no sólo los costos personales de un error gravísimo, sino también la fragilidad de ciertas dinámicas en los nuevos medios y la disposición del gobierno a convertir cada tropiezo ajeno en munición para su propia batalla cultural.

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