
El Gobierno trazó una línea roja en el mercado cambiario: fijar un techo de $1.500 para el dólar. Ante la presión de dos meses de subas graduales, el Tesoro Nacional inyectó USD 145 millones en el mercado para contener la cotización y evitar saltos bruscos que se trasladen a precios.
La intervención del Tesoro ocurrió en una jornada de fuerte presión cambiaria donde el Banco Central de la República Argentina decidió retirarse. El movimiento desnudó la estrategia oficial de sostener la estabilidad del tipo de cambio para no quebrar el equilibrio de la bicicleta financiera, justo cuando el objetivo es profundizar el modelo a fondo para llegar a la inflación cero.
Hasta ahora, el equipo económico venía orquestando un trabajo fino de intervención indirecta a través de la venta masiva de títulos dollar linked. Este mecanismo permite a los inversores atar sus tenencias en pesos a la devaluación oficial, funcionando como un seguro de cambio que absorbe demanda y quita presión directa a la plaza cambiaria. Pero la cobertura financiera no bastó.
Según un informe de Portfolio Personal de Inversiones, julio cerró con el dólar bajo control. El tipo de cambio oficial retrocedió 0,8% en la última semana hasta los $1.485. Si bien el debilitamiento global de la divisa estadounidense ayudó —el índice DXY cayó 1,5%—, la clave estuvo en la intervención oficial para frenar un dólar que había tocado su mayor valor nominal desde la salida del cepo.



















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