A partir del próximo miércoles 1 de julio, 150 operarios de Tenaris SIAT quedarán fuera de la planta que el grupo Techint mantiene desde hace casi cuatro décadas en Valentín Alsina, donde se fabricaron los tubos del gasoducto Néstor Kirchner a triple turno. La empresa decidió avanzar con los despidos luego de quedar fuera de la licitación para el nuevo gasoducto vinculado a Vaca Muerta, cuya provisión de caños quedó en manos de la firma india Welspun, que traerá acero chino y fue presentada por el Gobierno como símbolo de competencia y desregulación. Para el gremio metalúrgico, es la traducción más cruda de una decisión estatal que priorizó importaciones por sobre la producción local.

Desde la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), su secretario seccional, Rubén Urbano, vinculó de manera directa la pérdida de la licitación con la ola de cesantías: “Se van a producir 150 despidos por consecuencia de la importación, por haber perdido la licitación que le dio Milei a los chinos para la compra de tubos”. En Tenaris SIAT trabajan operarios altamente calificados que, según el sindicato, cobran alrededor de 6.000 pesos la hora y que hace apenas tres años sostenían la fabricación continua de caños para el gasoducto que incrementó el transporte de gas desde Vaca Muerta. Ahora, la prioridad del Estado a insumos importados deja esa capacidad instalada ociosa y a sus trabajadores en “estado de alerta y movilización”.

En la planta se intentó primero una salida menos drástica: los trabajadores y delegados habían pedido que se aplicaran suspensiones para todos, con el objetivo de ganar tiempo y evitar las cesantías masivas. Desde abril rige un esquema de suspensiones para sostener un mínimo de producción, pero la caída de la última licitación —que fue celebrada públicamente por Javier Milei y su ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger— terminó de cortar ese margen. Tenaris SIAT tiene unos 400 empleados; de ellos, 150 en relación de dependencia y otros 250 contratados que, aunque llevan hasta cuatro años trabajando, no integran la planta permanente y quedan más expuestos a la reforma laboral y a la decisión empresaria.

Urbano denunció que se trata de “despidos incausados” y remarcó que no se puede considerar eventual un trabajo que se extendió durante años en una fábrica clave para la cadena energética. La UOM declaró el “estado de alerta y movilización” y prepara asambleas para definir medidas de fuerza, que podrían incluir manifestaciones en la calle y acciones más duras en la zona de influencia de la planta. El conflicto se inscribe, además, en una tensión política mayor: el propio Milei bautizó al dueño de Techint, Paolo Rocca, como “Don Chatarrín”, y analistas advierten que el choque entre el Ejecutivo y uno de los grandes grupos industriales del país puede detonar en el Conurbano si la crisis de empleo se profundiza.

El resultado es que la licitación que se festejó como triunfo del mercado deja como saldo inmediato 150 familias sin ingreso y una fábrica emblema del sur bonaerense con líneas paradas y bronca acumulada. El gas que saldrá por el nuevo tendido hacia Río Negro para ser exportado en barcos se hará con caños importados, mientras los operarios que saben fabricar esos tubos miran cómo su trabajo “se abarata” en una planilla de Excel y se encarece en la vida cotidiana de sus hogares. En la Argentina de Milei, los números cierran con acero chino; el problema es que, para los despedidos de Tenaris SIAT, la cuenta ya no cierra en la heladera.

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