
La ciudad de Neuquén fue escenario de una nueva jornada de Ni Una Menos que volvió a mostrar la potencia del movimiento feminista en las calles. La marcha del 3 de junio reunió a organizaciones feministas, sociales, sindicales, estudiantiles y a vecinas autoconvocadas, en una convocatoria multitudinaria marcada por la bronca, el duelo y la exigencia de respuestas concretas frente a los femicidios y las violencias de género. La concentración comenzó en el monumento a San Martín y, como desde 2015, la consigna volvió a recorrer el centro de la ciudad.
La movilización se realizó a las 17 y formó parte de una jornada nacional con réplicas en distintas ciudades del país. En Neuquén capital, las columnas avanzaron con reclamos de justicia por las víctimas de femicidio, por políticas de prevención sostenidas, por un acompañamiento real a quienes denuncian situaciones de violencia y por respuestas estatales más rápidas frente a los casos de riesgo. El tono de la marcha combinó dolor, bronca y organización, con una fuerte presencia de jóvenes y familias.
Este nuevo 3J estuvo atravesado por dos casos recientes de alto impacto: el femicidio de Agostina Vega, la adolescente de 14 años asesinada en Córdoba, y el veredicto condenatorio contra Jorge Octavio Linco por el femicidio de Corina Mabel Mena, ocurrido en Junín de los Andes. En el caso neuquino, un jurado popular declaró culpable al acusado por el crimen de Corina y por las lesiones provocadas a otra persona que sobrevivió al ataque. Ese veredicto, conocido pocos días antes de la marcha, estuvo muy presente en pancartas y consignas.
Para las organizaciones que sostienen la convocatoria, cada sentencia es un paso importante para las familias, pero también evidencia que el sistema suele llegar tarde, cuando el daño ya es irreparable. Por eso, en las intervenciones y documentos leídos durante la marcha se insistió en que el eje del reclamo sigue siendo la prevención, el acompañamiento integral a las víctimas y el fortalecimiento real de los dispositivos de asistencia y protección. No alcanzan las condenas si las alertas previas no se escuchan ni se actúa a tiempo.
A nivel nacional, el femicidio de Agostina Vega atravesó la jornada como una herida abierta. Su muerte, conocida en la previa del 3J, reactivó preguntas sobre los protocolos de búsqueda de niñas y adolescentes, los antecedentes de los agresores y las fallas en los mecanismos de protección. En Neuquén, su nombre se sumó al de otras víctimas en carteles e intervenciones callejeras, recordando también el origen del Ni Una Menos, ligado al femicidio de Chiara Páez, otra adolescente de 14 años, en 2015.
En la columna neuquina también estuvo muy presente el pedido de aparición con vida de Luciana Muñoz, la joven desaparecida desde julio de 2024. Su nombre y su rostro volvieron a ocupar un lugar central en la marcha, con la exigencia de que la búsqueda no se detenga y de que el Estado profundice todas las líneas de investigación. El caso de Luciana fue levantado como símbolo de todas las desapariciones y de las deudas pendientes en materia de búsqueda y prevención.
La jornada tuvo, además, un fuerte contenido político y social. Las organizaciones convocantes reiteraron el reclamo de declarar la emergencia nacional en violencia de género y de restituir y priorizar recursos humanos y económicos para la atención integral de mujeres y personas del colectivo LGBTIQ+ que atraviesan situaciones de violencia. A once años del primer Ni Una Menos, la masiva movilización en Neuquén confirmó que el grito sigue vigente y urgente: que ninguna mujer, adolescente, niña o persona de la diversidad sea asesinada o desaparecida por razones de género.





















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