
Según informó el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, la cifra de víctimas fatales por los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 ascendió a 1.719 y el número de heridos llegó a 5.034, mientras que las autoridades contabilizan 15.866 personas damnificadas y 22.619 atendidas en hospitales, hospitales de campaña y puntos de triaje a lo largo del país. El nuevo reporte representa un fuerte salto frente al balance anterior de 1.450 muertos y 3.150 heridos, y refleja la magnitud de una tragedia que ya se perfila como uno de los peores desastres de la historia reciente de Venezuela. Paralelamente, la página ciudadana Desaparecidos Terremotos Venezuela registra 45.485 personas sin contacto y 15.346 ya localizadas, sobre un total de 60.831 reportes cargados por familiares.
El impacto material de los sismos también es abrumador: el Gobierno relevó más de 800 edificios afectados, con cerca de 200 colapsados por completo y centenares con daños parciales en las zonas más golpeadas. La Guaira, declarada zona de desastre, concentra buena parte de la destrucción, con hileras de viviendas y torres residenciales reducidas a pilas de escombros y polvo, y un paisaje que los testigos describen como una “zona de guerra”. Aunque las autoridades aseguran que se ha restituido alrededor del 90% del servicio eléctrico en ese estado costero, persisten fallas en agua, caminos y comunicaciones que dificultan el acceso a comunidades aisladas y complican la logística de ayuda. La ONU estima que las consecuencias de los terremotos podrían dejar casi siete millones de damnificados en todo el país y daños materiales del orden de 6.700 millones de dólares, equivalentes a alrededor del 6% del PBI venezolano.
Las labores de rescate siguen contra reloj en un contexto de intensa actividad sísmica, con más de 600 eventos registrados desde los dos grandes terremotos del 24 de junio. Brigadas venezolanas y equipos internacionales trabajan entre los restos de los edificios derrumbados, con el apoyo de miles de rescatistas, 3.319 especialistas extranjeros, perros entrenados y vehículos de apoyo desplegados en los estados más afectados. El gobierno ha habilitado 15 grandes refugios en La Guaira y múltiples campamentos adicionales en escuelas e instituciones, mientras que en Caracas y Miranda se montaron alrededor de 50 albergues provisorios para atender a quienes se quedaron sin vivienda. Aun así, la combinación de infraestructura vial dañada, hospitales impactados y el continuo riesgo de réplicas mantiene extremadamente complejas las tareas de búsqueda, asistencia y reubicación de sobrevivientes.
En paralelo al operativo de emergencia, las autoridades intentan mejorar los mecanismos de información para familiares que buscan a sus seres queridos. Jorge Rodríguez anunció la puesta en marcha del portal localizapacientes.com, una plataforma digital que permite consultar si una persona desaparecida tras los sismos fue ingresada en algún hospital del país, mediante un formulario con sus datos básicos. También se habilitó la línea telefónica 0800 AYUDA01 para brindar contención psicológica y orientación a víctimas y familiares, como parte de las medidas para abordar el trauma generado por la catástrofe. Además, el gobierno dispuso la suspensión de las actividades académicas por una semana adicional en todo el territorio, con el objetivo de completar inspecciones estructurales en escuelas, garantizar condiciones seguras para estudiantes y docentes y liberar infraestructura para uso de los equipos de emergencia.
Organizaciones de derechos humanos como Provea cuestionan las cifras oficiales y reclaman que se permita a la sociedad civil y a organismos independientes acceder a la información y verificar los datos sobre fallecidos y desaparecidos, en un contexto de fuerte disparidad con los registros ciudadanos en línea. La diferencia entre los números del gobierno y los reportes en plataformas de búsqueda alimenta la angustia de miles de familias que aún no tienen noticias de sus allegados, mientras cada nueva réplica —como el temblor de magnitud cercana a 4,2–5,1 que sacudió la costa central el lunes 29— renueva el miedo y complica la estabilidad de las estructuras dañadas. Con un saldo creciente de muertos, heridos, desaparecidos y destrucción de viviendas e infraestructura crítica, la tragedia de Venezuela se proyecta ya como una emergencia de larga duración, que exigirá no solo un esfuerzo masivo de rescate y asistencia inmediata, sino también un plan de reconstrucción de varios años.




















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