Juan Andrés de la Torre, de 38 años, es hoy un referente de la soguería en Chos Malal, norte neuquino. Todo comenzó a los cinco años cuando su abuela le enseñó a trenzar con cabello. Desde entonces, sus manos no dejaron de trabajar el cuero, transformándolo en riendas, bozales, cabezadas, sobrecinchas, cintos y carteras que abastecen tanto las necesidades del campo como los gustos urbanos.

A diferencia de otros artesanos que heredan el oficio de sus padres o abuelos, el camino de Juan Andrés de la Torre fue completamente solitario. Aunque su abuelo tenía campo y hacía alguna soga o arreglo mínimo, ni sus padres ni sus tíos se dedicaban a la soguería. Todo lo aprendió a fuerza de observación, intrepidez y algunos tropiezos. "Siempre fue un hobby. Le metía muchas horas porque lleva muchísimo tiempo, pero nunca pensé que podía vivir de esto", asegura el artesano.

El trabajo con cuero exige tanta destreza técnica como paciencia infinita. "En esto tenés que pelar los cueros y echarlos al agua para que se ablanden, requerís mucha paciencia", comenta. Los errores fueron parte del aprendizaje: "muchas veces se me pasaban, se me picaban y no servían más", relata al recordar los obstáculos iniciales. Sin embargo, reflexiona: "Gracias a esos errores, hoy puedo hacer lo que hago".

La soguería no se improvisa: se planifica según las estaciones del año. En la zona de Chos Malal, donde el clima es seco y casi no llueve, el tiempo dicta la agenda. Juan Andrés de la Torre aprovecha los meses de frío para sobar las lonjas y tener la materia prima lista. Después, en primavera y otoño, trabaja el trenzado, ya que el cuero requiere de cierta humedad para moldearse bien. Por ejemplo, un trabajo encarado en pleno agosto recién ve la luz en febrero.

Hoy, Juan Andrés de la Torre enseña a las nuevas generaciones para que la tradición no muera. Su producción abastece desde riendas y bozales hasta cintos, carteras y manijas para termos. "Lo que usamos los sogueros es cuero crudo de vaca y, para las costuras, cuero de potro. Eso es lo esencial", explica el artesano que convirtió una lección de infancia en un arte de vida.

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