
El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, confirmó que el 2 de julio se presentará en el Senado para dar su informe de gestión, pero lo hará en el peor momento político desde que asumió: con pedidos de interpelación, una moción de censura en marcha y acusaciones de haber mentido sobre su patrimonio y sus ingresos ante el Congreso y la opinión pública. La fecha se adelantó en medio de la presión creciente, en un intento del oficialismo por encuadrar la discusión en los términos más controlados posibles y evitar que la oposición marque la agenda.
Para los bloques opositores, Adorni llega a la Cámara alta con una credibilidad severamente dañada. Señalan que el funcionario reconoció la existencia de dinero no blanqueado y lo acusan de falsear u ocultar información en su declaración jurada y en su comparecencia previa ante Diputados, donde, según denuncian, incurrió en contradicciones sobre contratos, bienes y movimientos económicos. Desde ese sector lo presentan como un caso testigo del doble estándar del Gobierno de Javier Milei: discurso de transparencia hacia afuera y prácticas opacas puertas adentro.
En el Congreso, la oposición ya activó la ofensiva política. En Diputados convocó a una sesión para el 23 de junio con el objetivo de interpelar a Adorni y avanzar hacia una eventual censura, mientras en el Senado el peronismo y otros bloques buscan los votos para tratar el tema y dejar al jefe de Gabinete al borde de una derrota parlamentaria inédita para esta gestión. Dirigentes opositores advierten, además, que el oficialismo intentará desviar el foco con ataques personales y maniobras dilatorias para transformar el debate en una sesión caótica y evitar que el eje quede puesto en las inconsistencias patrimoniales y políticas del funcionario.
El trasfondo es más amplio que el futuro individual de Adorni: la oposición ve en este caso una oportunidad para desnudar las zonas grises del proyecto mileísta, exponer las contradicciones entre el ajuste que recae sobre la sociedad y los movimientos patrimoniales de sus principales figuras, y testear hasta dónde llega la tolerancia del PRO, la UCR y otros aliados frente a los escándalos del oficialismo. Si el jefe de Gabinete sale debilitado del Senado, no solo quedará cuestionado su rol, sino también la capacidad del Gobierno para sostener su narrativa de “nuevo orden moral” frente a denuncias que, desde la vereda opositora, ya se describen como el “Adorni Gate”.






















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