Una vez más apareció el líder que tanto necesitamos. En medio de una Argentina golpeada en lo económico y atravesada por el luto, la Selección abrió el Mundial con un 3-0 contundente ante Argelia y Lionel Messi, a punto de cumplir 39 años, firmó una noche histórica: primer triplete en una Copa del Mundo e igualdad del récord de Miroslav Klose como máximo goleador de los Mundiales, con 16 tantos.

Lejos de dosificarse por la edad, Messi marcó el tono del partido desde el primer minuto, incluso sin la pelota. Su primera gran ovación llegó por una recuperación en campo propio: el capitán retrocediendo, metiéndose en el barro, mostrando que el compromiso no entiende de jerarquías ni de flashes. En su partido número 200 con la Selección, el 10 volvió a dar la cara como el primero en correr y el último en rendirse.

Una de las incógnitas en la previa era el famoso “hambre” del campeón. Mauricio Macri, presente en la tribuna, deseó que “ojalá tengan todos hambre”, sin doble lectura política declarada. La respuesta real bajó desde la cancha: presión alta, recuperación rápida y un mediocampo –con Alexis Mac Allister como ejemplo– obsesionado por robar y jugar. De Paul, otro de los veteranos, metió un pase delicioso para el primer gol y Messi hizo el resto, confirmando que la vieja guardia sigue tan vigente como los pibes.

Si hubo un punto flojo, fue justamente el exceso de dependencia en el genio del capitán: casi todas las jugadas pasaron por él, a veces más por admiración que por necesidad. Pero es su último tango mundialista y todos lo saben, adentro y afuera. El estadio, teñido de celeste y blanco, explotó con el “que de la mano de Leo Messi…” tras el segundo gol; y al tercero ya no quedaban gritos, sino caras de incredulidad frente a un jugador que sigue rompiendo el reloj de la historia.

Mientras Mbappé y Haaland enseñan sus credenciales y Ronaldo mira de lejos, Messi se sienta en la cima de los goleadores mundialistas al lado de Klose, con el “Gordo” Ronaldo ya por detrás. Argelia insinuó algo más de lo que terminó mostrando y llegó a asustar de entrada, pero ni el VAR ni ningún pendrive salvador pudieron cambiar el destino del partido. Contra un Messi así, no hay plan B que alcance.

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