
En el Estadio Miami, la goleada 3-0 de Brasil sobre Escocia por la tercera fecha del grupo C tuvo un condimento especial: el regreso de Neymar a una Copa del Mundo. Con el partido controlado y la clasificación a 16avos de final prácticamente asegurada, Carlo Ancelotti decidió darle ingreso en el segundo tiempo al delantero del Santos, que volvió a sentir el calor de la camiseta brasileña tras una larga ausencia. Su entrada fue recibida con una ovación inmediata de los hinchas, que celebraron el retorno de una de las grandes figuras de la historia reciente de la Canarinha.
Neymar sustituyó a Matheus Cunha y se ubicó rápidamente en el frente de ataque junto a Vinicius Junior, en un cierre de partido que tuvo más sabor a homenaje que a necesidad táctica. Aunque el marcador ya estaba definido, el atacante buscó involucrarse en el juego: se ofreció como opción de pase, pidió la pelota y trató de asociarse con los hombres de ofensiva para manejar los tiempos del equipo en los últimos minutos. Cada intervención suya fue celebrada desde las tribunas, reflejando la expectativa que había generado su convocatoria y la confirmación previa de Ancelotti sobre su disponibilidad para este encuentro.
Su acción más destacada llegó cerca del final, cuando encontró espacio al borde del área y ensayó un remate que terminó en las manos del arquero Angus Gunn, sin mayores complicaciones para el guardameta escocés. Antes, ya había dejado detalles de su calidad en controles y combinaciones, pero sin llegar a concretar en gol o asistencia. Aun así, su presencia en el campo fue leída como una señal positiva: Brasil no solo ganó y se clasificó como líder del grupo, sino que además pudo sumar ritmo competitivo a uno de sus jugadores más determinantes de la última década.
El valor simbólico de su vuelta es enorme: Neymar no jugaba un partido oficial con Brasil desde la derrota ante Uruguay por Eliminatorias, en octubre de 2023, noche en la que sufrió una grave lesión de rodilla que derivó en un extenso proceso de recuperación. Casi tres años después, su reaparición en el escenario mayor del fútbol mundial marca un nuevo capítulo en su historia con la selección y abre la puerta a que, ya con minutos sumados y mejores sensaciones físicas, pueda tener un rol más protagónico en la fase decisiva del Mundial 2026. Para Brasil, la goleada ante Escocia no fue solo una confirmación futbolística, sino también la recuperación, en tiempo de descuento, de uno de sus máximos referentes.


















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